La impunidad pasea en Huatulco: El insulto de Julio Cárdenas a la dignidad ciudadana
Ver al edil exhibirse sin el menor rastro de remordimiento, entregado a la frivolidad, los excesos y el coqueteo constante, es una bofetada para quienes esperaban respeto. Que el duelo por la trágica pérdida de quien fuera su pareja le haya durado apenas un suspiro de dos o tres meses, demuestra una alarmante desconexión empática.
Mientras el dolor ajeno sigue latente, el funcionario prefiere el descorche, la fiesta y la indolencia.
El reclamo ciudadano es generalizado y unánime: Julio Cárdenas no debería estar despachando desde la silla presidencial, sino rindiendo cuentas ante la justicia. El verdadero lugar para quien arrastra señalamientos de graves excesos e irresponsabilidad no es el palacio municipal ni los paseos descarados bajo el sol de Huatulco; su lugar debería ser tras las rejas.
Huatulco tiene memoria, y el juicio social ya lo ha condenado.
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